miércoles, 13 de noviembre de 2013

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 El siglo de los átomos

A finales del siglo XIX todo el mundo estaba familiarizado con la electricidad, aunque nadie sabía en qué consistía

 
A Montserrat Casas Ametller (1955-2013), física atómica y nuclear que, siendo rectora de su universidad, deseó que el costo de las flores que le enviarían a su funeral se dedicara a financiar una beca de investigación.
 
Lucrecio, quizá el más grande poeta y filósofo romano, en el siglo I a.C describió con belleza sin par todo el atomismo cuyas semillas plantaron unos siglos antes Leucipo y Demócrito. En De rerum natura, sobre la naturaleza de las cosas, no pocos de sus miles de versos los dedicó Lucrecio a cómo tendrían que ser los átomos y las uniones entre ellos.

Veinte siglos después, entre la primavera y el otoño de 1913, un físico danés, Niels Bohr, publicó tres artículos, al primero de los cuáles le puso el lucreciano título Sobre la constitución de los átomos y las moléculas. ¿Por qué aquella formidable intuición tardó tanto en hacerse evidencia? Por muchas razones, pero la principal quizá fuera la hegemonía arrolladora del aristotelismo, enemigo acérrimo del concepto de átomo. Siempre hubo atomistas, algunos tan convincentes como el sacerdote Pierre Gassendi, que trató de armonizar el cristianismo con la idea de un número finito de átomos creados e impulsados por Dios. Pero incluso el gran Kant sostuvo que el estudio de la materia nunca sería una ciencia genuina, porque los átomos no se podrían matematizar y por ello jamás surgiría un Newton que formulara leyes atómicas universales.

La transformación de la alquimia en química hizo que el concepto de átomo mostrara su potencial aunque todos, incluidos los químicos, dudaban de su existencia. 

Fue Einstein, en uno de sus cuatro gloriosos artículos de 1905, quien demostró que los átomos existían, pues no otros entes podían impulsar el misterioso movimiento caótico de pequeñas partículas de polen inmersas en agua. Existían los átomos, sí, pero ¿cómo eran?

A finales del siglo XIX todo el mundo estaba familiarizado con la electricidad, aunque nadie sabía en qué consistía. Hasta 1897 no se descubrió el electrón, la partícula responsable última de la electrificación de calles, casas y fábricas. 

El electrón no podía surgir más que de los átomos, pero entonces estos eran cualquier cosa menos indivisibles. Serían como esponjitas esféricas de carga eléctrica positiva con electrones negativos embebidos en ellas que las neutralizaban y podían escapar con facilidad. No eran así, porque el neozelandés Rutherford demostró que los átomos tenían un minúsculo núcleo en torno al cual debían girar los electrones. Las proporciones eran pasmosas: si un átomo tuviera el porte de una catedral, su núcleo tendría el tamaño de una mosca en el centro. Y con toda la masa concentrada en él, porque los electrones son muy livianos. El alborozo que producía la idea de átomos como pequeñísimos sistemas solares duró muy poco, porque aquello era tan inestable que, simplemente, el mundo material no podía existir.

Rutherford recibió en su laboratorio de Mánchester a un joven danés que pretendía hacer la tesis doctoral con él. La inclinación teórica de Niels Bohr le daba pavor a Rutherford. Se decía de éste que cuando escuchaba a un discípulo pronunciar la palabra universo era cuestión de tiempo que lo despidiera.

Pero Bohr dejó fascinado a Rutherford, porque explicó cómo podían ser estables los minisistemas solares que él concibió: combinando la física clásica con la mecánica cuántica recientemente enunciada y en vías de construcción.

En esencia, el átomo de Bohr se sostenía en dos postulados:

  • El primero, que el equilibrio de los electrones en torno al núcleo se podía describir en términos clásicos, pero los cambios entre sus estados estacionarios, no.   
 
  • El segundo, que esos cambios de estado de los electrones eran provocados por, o tenían como consecuencia, la absorción y la emisión homogénea de radiación. 
La frecuencia de esa radiación (la luz es la franja de la radiación a la que es sensible el ojo humano) y la energía puesta en juego en estos saltos las definían el cuánto de Planck, es decir, el embrión de la mecánica cuántica. La formulación matemática sencilla de estas ideas aplicadas al átomo más simple y abundante del universo, el de hidrógeno, dio resultados en coincidencia pasmosa con los datos experimentales. Cuando a Rutherford le reprocharon jocosamente su admiración hacia un físico teórico, respondió que el caso de Bohr era distinto porque era futbolista. Ha leído bien el lector.
 
Niels Bohr nació en 1885 (tenía 28 años cuando hizo el descubrimiento anterior) en el seno de una familia ilustrada y rica: su padre era catedrático de fisiología y su madre, también muy culta, hija de un gran banquero judío. Niels fue el segundo de tres hijos, y siempre dijo que él era el más torpe. De Jenny es difícil opinar, pero Harald, el menor de los tres hermanos, fue un matemático que alcanzó el doctorado antes que Niels y, como futbolista, perteneció a la selección danesa, cosa que no alcanzó su hermano mayor.

Albert Einstein y Stephen Hawking posiblemente sean los físicos más famosos del siglo XX, pero Niels Bohr fue sin duda el más influyente. En lugar de micrófonos, cámaras, grandes audiencias y presencia en los periódicos, Niels Bohr utilizó la conversación para conseguir sus objetivos. Y eso a pesar de que sostenía que cada frase suya se debía entender como una duda y no como una afirmación.
Antes incluso de recibir el premio Nobel en 1922, Bohr había conseguido fondos para la construcción de un instituto de física teórica en Copenhague. Por allí pasaron todos los jóvenes brillantes del mundo que construyeron la mecánica cuántica al albur de explicar la estructura de los átomos. Y después la del núcleo atómico. De ahí a la fisión nuclear hubo pocos pasos.

Bohr, que tuvo que huir de la Dinamarca ocupada por los nazis a causa del origen judío de su madre, participó en el inicio del proyecto Manhattan. Cuando vio que la bomba atómica podría ser usada como arma y no como disuasión, puso en juego toda su habilidad para evitarlo. También salvó a infinidad de físicos brillantes perseguidos por los nazis.

La gran capacidad de persuasión de Niels Bohr no siempre le dio frutos, porque algunas de sus memorables conversaciones fueron infructuosas. La que tuvo en el parque vecino al instituto con Heisenberg, el gran físico del que había sido amigo y que a la postre dirigió el proyecto de bomba atómica nazi, solo sirvió para distanciarlos. De aquella misteriosa conversación se ha hecho hasta una obra de teatro representada por todo el mundo: Copenhague. Sus conversaciones con los presidentes Roosevelt y Churchill casi le cuesta la libertad por no decir algo peor, porque ambos políticos consideraron peligrosa su propuesta de compartir la información sobre la bomba atómica con todos, en particular con los rusos. El ingenuo Bohr creía que las guerras se harían así obsoletas, pero al menos, en su lucha por lo que él llamaba un Mundo Abierto apoyó con fuerza y éxito la idea de crear el CERN, el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares y la aplicación pacífica de la energía nuclear.

El siglo XX bien podría definirse como el siglo de los átomos porque casi ninguna tecnología actual escapa del dominio de esos entes que tantos siglos costó dilucidarlos. Esto que parece tan prosaico e incluso terrible si se piensa en el armamento nuclear, puede tener una componente poética. 

Para Bohr, el lenguaje de la física atómica y nuclear no distaba de la poesía, porque “el poeta no trata de describir los hechos sino de crear imágenes y establecer conexiones; el físico, como el poeta, no trata de averiguar cómo es la Naturaleza sino entender lo que esta le dice”.

lunes, 11 de noviembre de 2013

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Mucho Facebook, ¿poca concentración?

La obsesión por consultar las redes sociales y WhatsApp hace aflorar un nuevo fenómeno: la atención parcial continua. Los jóvenes siguen leyendo, en pantalla y papel, pero les cuesta más ver cine

El 84% de los menores leen en su tiempo libre. Es el sector más lector. 

En un anuncio televisivo actualmente en emisión, dos niños dibujan a sus familias. Uno de ellos dibuja a papá, mamá y a sus hermanos, todos con un móvil pegado a la oreja. Lo que el spot quiere transmitir es una oferta con acceso ilimitado al móvil. ¡Usad el móvil todo lo que queráis! ¡Correo electrónico, vídeos, Facebook, Instagram, WhatsApp!
Pasamos muchas horas pegados a una pantalla. Por trabajo, pero cada vez más por placer, porque es útil para comunicarnos, nuestra prioridad. Comprobar si hemos recibido un nuevo mensaje electrónico (cosa que solemos hacer varias veces al día, obsesión recientemente bautizada como infobesidad), mantener varias conversaciones en grupo por WhatsApp, consultar confesiones y noticias a través de Facebook, Twitter y otras redes sociales… Y lo hacemos en todo momento: mientras vemos la televisión, comemos o incluso en plena obra de teatro (algunos teatros optan, en ocasiones, por permitir el uso del móvil durante la función para que compartan lo que ven en redes sociales).
Todos (o la mayoría) hemos caído víctimas del influjo digital. Los menores también. En Estados Unidos y Alemania, los adolescentes pasan siete horas y media diarias usando medios digitales.
Los menores leen mucho, pero han cambiado el soporte y lo hacen de manera diferente.
Algunos autores han alertado sobre los efectos que estos procesos tienen en la mente. Lo hizo Nicholas Carr, quien decidió abandonar la vida ultrainformada y se mudó a las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil e Internet llegaba mal, con su obra Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Y también Manfred Spitzer, director de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Ulm y del Centro de Transferencia de Conocimientos para las Neuronas y el Aprendizaje, con Demencia Digit@l. El primero resumía así los efectos de Internet en sí mismo: “Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo”. ¿Le está pasando eso a más gente? ¿Le cuesta zambullirse en un libro o ha dejado de hacerlo por comprobar sus mensajes en Facebook?
Spitzer, por su parte, escribe lo siguiente en su libro (editado en español por Ediciones B): “La afirmación de que la competencia en las nuevas tecnologías tenga una correspondiente repercusión positiva no ha sido demostrada en absoluto por el momento. Es estúpido también que justamente la neurociencia sospeche antes bien lo contrario. Y es que algunos estudios demuestran que el cerebro crece justo allí donde se utiliza. Y el enunciado al revés es también válido. Si no se utiliza el cerebro, entonces se atrofia”. A Spitzer le preocupa cómo afecta el aumento de la tecnología en el cerebro de los niños. Su opinión es que tener más acceso a estas pantallas no les viene bien: “La utilización de ordenadores en edades muy tempranas en la guardería puede motivar trastornos de la atención, y a una edad posterior, todavía en edad preescolar, puede conducir a trastornos de la lectura”.
Fuente: Federación de gremios de editores de España / EL PAÍS
Desde la Federación de Editores de España, sin embargo, no creen que los menores lean menos. “Frente al tópico generalizado, es el sector más lector”, dice Antonio María Ávila, secretario de la federación, cuyo Anuario 2012 concluye que el 84,6% de los menores lee en su tiempo libre. “Y es lógico, están escolarizados al 100%. Pero hay dos tipos de lectura, una práctica y otra más reposada. Lo que sucede al leer digitalmente, a través de una tableta o del ordenador, es que uno siente más la necesidad de comentar lo que lee con todo el que pueda”.
Un experto: “La lectura profunda se ha convertido en un esfuerzo”
Eva Martín, madrileña de 13 años, está de acuerdo con Ávila. Ella juega a Minecraft en el ordenador, usa “mucho” Facebook y Twitter, pero también lee casi todas las noches un libro en la cama. “Tengo tiempo para leer y para comunicarme por WhatsApp. Son cosas distintas. Me gusta hundirme en la lectura. Ahora estoy leyendo Las lágrimas de Shiva, que es misteriosa e interesante. Me lo han pedido en el colegio. Y he escrito un cuento de 28 páginas de un niño que encuentra un anillo mágico, que es la puerta a una casa muy extraña”.
¿Se nota el cambio en los institutos? Según Amparo Torralbo, profesora de Lengua y Literatura en el IES Joaquín Araujo, de Fuenlabrada, se nota el cambio en su manera de escribir. “Me acuerdo de la primera vez que vi ‘catalán’ escrito con k. ¡Hay que ser burro!, pensé. Vemos errores gordísimos que pueden deberse a las nuevas tecnologías y veo que afecta a los chicos, a su expresión, porque te plantan una abreviatura enseguida”. En cambio, mantienen el nivel de lectura, afirma esta profesora. “Leen lo mismo que antes, pero de otra manera, se lo descargan en vez de comprar el libro físicamente. Cambian el soporte. Pero que lean o no depende más de sus gustos e intereses. Aunque muchos tienen una dependencia total del móvil”. Torralbo tiene un hijo adolescente al que le encanta jugar con la videoconsola y, como muchos padres, le ha puesto límites: solo puede usarla el fin de semana.
Adriana Díaz, cacereña de 24 años, lee directamente desde su móvil. “Se ve peor que en papel, pero… Es una novela ligera tipo Cincuenta sombras de Grey que me recomendaron”. Díaz aporta otra pista: confiesa que le cuesta ver una película entera. “Es que son dos horas, se me hace difícil mantener la atención… Una serie se me pasa más rápido. Creo que hemos perdido la capacidad de concentrarnos. Todo se ha vuelto más rápido, más en pequeñas píldoras”.
“Estamos pendientes de muchas cosas, pero sin llegar a solidificar nada”, dice un profesor
José Antonio Luengo, psicólogo educativo, imparte clases de Técnicas de Comunicación en Educación en la Camilo José Cela y dice que, aunque la creencia generalizada es que vamos a peor, él no lo cree. “Es cierto que nuestros chicos pasan mucho tiempo enganchados a las pantallas y a las tabletas. Básicamente están desarrollando procedimientos de comunicación diferentes a los ordinarios, pero que también son importantes. Lo importante, lo que debemos estudiar, es si en la escuela se introduce y se trabaja de forma eficaz la interpretación de textos y la escritura en formato digital. Es importante que sigan manejando el libro en papel y de esto depende que en educación primaria lean textos y hagan resúmenes. Eso se hace y se va a seguir haciendo en la escuela”.
No hay que mirar hacia otro lado porque los adolescentes viven en la era digital y se comunican con todo el mundo, opina Luengo. El experto cree que las escuelas tienen un reto, que es enseñarles habilidades para la lectura digital. “El profesor tiene que saber que hay una serie de habilidades que él puede aprender. Esa es una asignatura que tiene el docente también para la que no estamos suficientemente formados”. A pesar de todo, Luengo cree que el cambio no está afectando a la capacidad de lectura de los más jóvenes. “Sí están leyendo, aunque sea en el Facebook, están adquiriendo las claves de la lectura. Yo creo que nuestros chicos cuando elaboran un texto o hacen un comentario están poniendo negro sobre blanco sus ideas. Lo que sucede es que en la lectura en pantalla, la lectura profunda es incompleta. El problema es que pasamos demasiado tiempo en ese tipo de lectura y dedicamos menos a la más sosegada. La captura no es la misma cuando lees una página en papel sin interrupciones. En la lectura digital hay una cierta dispersión. Vas de una pantalla a otra, el texto te lleva a un vídeo y luego a un mapa, y la concentración es menor, aunque la cantidad de lectura es mayor”.

Cómo mejorar la lectura digital

Consejos elaborados por el psicólogo educativo José Antonio Luengo para mejorar la lectura digital de los jóvenes:
- Cuando entre a través de la pantalla en un texto del que tenga que sacar conclusiones, no dude en seguir determinadas orientaciones del propio texto que te lleven a otras referencias, no dude en moverse siguiendo sus consejos. Pero hágalo con un cuaderno y un lápiz a mano para ir registrando ideas y observaciones.
- Al terminar la lectura del texto, elabore un resumen de lo que ha leído en seis o siete líneas. No se vaya a la cama o a jugar con la videoconsola sin haberlo hecho antes. Si no ordena las ideas, las perderá y olvidará.
- Después de haber sacado una idea, de haberte ido a otra página, de haber hecho un esquema, procura volver a leer el texto original en una situación en la que no interrumpa nada, sin pinchar los hipervínculos, como si estuviera leyendo en un libro.
Según los expertos, hay un nuevo fenómeno que afecta cada vez a más personas: la atención parcial continua. Es lo que sucede cuando pasamos mucho tiempo ante una pantalla, “que estamos pendientes de muchas cosas, pero sin llegar a solidificar nada”, describe Luengo. “Algo así como ‘el que mucho abarca poco aprieta”. Para luchar contra el fenómeno, cree que debemos buscar un equilibrio. “El libro en papel nos permite una vida interior que es indispensable vivir y que no es tan fácil de experimentar cuando se está ante una pantalla que permite ir de un sitio a otro. Hay que equilibrar el abordaje de los textos. Porque la incapacidad que estamos observando en los alumnos les impide tener ese mundo interior. Es importante que interpreten bien lo que leen. Les digo, pinchad y leed, pero volved a la página original y haced anotaciones de lo que habéis leído”.
Isidro Moreno, profesor de Tecnologías de la Información y la Comunicación en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid, incluye una nueva referencia: el conocimiento puzle. “Internet y todos los dispositivos móviles hacen que los jóvenes interpreten el mundo mediados por las tecnologías, se crea un conocimiento puzle o una sociedad mosaico. Mis alumnos manejan los medios con bastante soltura, pero se quedan solo en la parte externa de los medios, no profundizan. No les da tiempo, nadie les ha preparado y los profesores no estamos preparados en ver qué hay detrás”. “Todo esto va en detrimento de la lectura clásica, tradicional”, continúa Moreno. “Pero nos falta tiempo y sosiego para sentarnos y leer. Y cuando a los más jóvenes se lo facilitas, lo hacen, pero hay que facilitar que se dé esa situación y crearles la necesidad. Por suerte la gente joven es muy lista”.
La gente que maneja libros electrónicos dedica más tiempo a leer que antes
En la Fundación Sánchez Ruipérez han hecho varios estudios (en los que han participado 300 personas) sobre el impacto de la lectura digital en menores y adultos. “Desde 2008 defiendo que lo digital va a cambiar la forma de leer”, dice Luis González, director de la fundación, que explica sus conclusiones: “Esta fundación cree que lo importante no es obsesionarse con cuánto leen las personas. Todos los estudios que manejamos nos dicen que los niños leen más ahora que los de hace 10, 20 y 30 años, tanto en número de libros como en frecuencia. La gente que maneja libros electrónicos dedica más tiempo a leer que antes. Luego, en el caso de las tabletas hay otro componente positivo y es que conecta unos con otros, al contrario de los libros confinados. La desventaja es que, al tener Internet en la tableta, me salen comunicaciones continuamente y me despisto. A partir de ahora vamos a tener varios tipos de lecturas: una lectura de navegación muy superficial y esa forma de ojear se va a trasladar a la lectura de libros digitales. Y luego va a haber una lectura más pausada”.
González recuerda la primera vez que leyó en un Kindle: “Subrayé una frase y el aparato me informó de que 17 personas en el mundo habían subrayado la misma frase. Me pareció muy potente e inquietante”. Él también alude a la necesidad de buscar un equilibrio. “La lectura profunda es fundamental porque te genera una capacidad de abstracción mucho mayor, te obliga a mantener un concepto a lo largo de muchas páginas. Si nos dedicamos solo al pimpam pimpam, nos devaluamos como lectores. Yo ahora me defino como un lector posdigital. Personas que hemos asumido esto y nos reencontramos con la lectura en verano y nos entregamos a una lectura más lujosa y placentera que cuando solo teníamos el papel”.

viernes, 8 de noviembre de 2013

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Tepco empieza a retirar las barras de combustible en Fukushima

Se espera que el proceso total de desmantelamiento se prolongue durante unos 40 años

Piscina del reactor 4 en la central nuclear de Fukushima.

Tokyo Electric Power (Tepco), operador de la accidentada central nuclear de Fukushima, comenzará este mes la retirada de las barras de combustible gastado de la piscina del reactor número 4 de la planta, según ha confirmado el director de la eléctrica, Akira Ono.

La retirada del combustible supone el comienzo propiamente dicho de desmantelación de la central, un operación clave que ha motivado la visita hoy a las instalaciones de la planta de un grupo de periodistas internacionales.

La operadora espera que la retirada de las barras de la unidad 4 se haya completado para finales de año.
Para ello, retirará las barras de combustible con una grúa y las introducirá en otra piscina situada en otro edificio a unos 100 metros, en un proceso en el que se tomarán todas las medidas de seguridad posibles. La piscina del reactor 4 de la planta cuenta con 1.533 barras de combustible que continúan generando calor, por lo que es imprescindible mantener su refrigeración.

Esta operación se pone en marcha tras darse por finalizada una primera fase en la hoja de ruta marcada por el Gobierno japonés y la operadora TEPCO para desmantelar la planta, que ha consistido principalmente en llevar a parada fría los reactores así como la limpieza y retirada de escombros. El proceso total de desmantelamiento se espera que se prolongue durante cerca de 40 años.

La cubierta del reactor 4 de Fukushima quedó gravemente dañada por el tsunami de marzo de 2011, lo que provocó que muchos escombros cayeran en la piscina de combustible, un factor que preocupa a los técnicos de la central, que no descartan que esto provoque complicaciones en la retirada de las barras.

Tepco, que finalizó la construcción de una nueva cubierta para el edificio del reactor 4 a mediados de junio para facilitar la retirada de las barras, decidió comenzar el desmantelamiento en esta unidad al ser la que menos índice de radiación emite.

La retirada del resto de combustible gastado en las unidades de la 1 a la 3, mucho más afectadas por el tsunami y la alta radiación, comenzarán a partir de 2015, según los planes de la eléctrica.

jueves, 7 de noviembre de 2013

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El Xiglú de Xilacurve representará a la provincia en Sevilla como emprendedores


La empresa de Serón ha resultado ganadora en la categoría 'Crea', para industrias con menos de tres años de trayectoria 

07.11.13 - 00:32 -
El Xiglú de Xilacurve representará a la provincia en Sevilla como emprendedores


Juan José Calejo y Javier Cejudo recogían el martes en Almería el premio que 'Andalucía Emprende' ha otorgado este año a los jóvenes emprendedores de nuestra provincia.
Los empresarios de Xilacurve recibían el galardón de manos de la directora gerente de Andalucía Emprende, Vanessa Bernad y de la delegada territorial de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo, Adriana Valverde.
La firma seronense de carpintería, estructuras de madera y bioconstrucción modular, ha patentado un innovador sistema de edificación sostenible denominado Xiglú; que en agosto presentaban oficialmente en la provincia.
Desde su puesta de largo el pasado verano, decenas de empresarios de toda España y fuera de nuestras fronteras, han pasado por Los Escullos de Cabo de Gata para conocer el «invento» de estos jóvenes emprendedores. Tal ha sido el éxito de la iniciativa que la firma ha vendido ya sus primeros xiglús a empresas de nuestro país.
Para Calejo y Cejudo este nuevo reconocimiento les ayuda mucho a dar a conocer el producto a nivel mediático «algo fundamental en la fase de nuestro proyecto», indican. Para los socios, este proyecto simplemente «representa una alternativa a la vivienda actual, pensado y diseñado para que cualquiera tenga acceso, tanto por su fácil montaje como por su facilidad de transporte o ampliación».
La iniciativa se presenta en un formato básico de 12 módulos, entre los que se incluye cocina y baño; ampliable según necesidades a base de más módulos que se irán incorporando al original.
A partir de la semana que viene, el Xiglú de Los Escullos será transportado a Serón en espera de una presentación oficial en este pueblo. La vivienda se instalará en un bello entorno de la Sierra, junto a la casa rural de La Quaba.
Ecológico, transformable, transportable y autoconstruible resume las cualidades principales del proyecto según sus creadores, quienes han inventado e ideado (gracias a la experiencia inicial de Campos en el sector de las estructuras de madera) un prototipo de vivienda destinada a un público joven, tal vez algo nómada, inconformista, de nivel adquisitivo no excesivo; en definitiva para una sociedad más actual, acorde con el ritmo de vida que se impone hoy en día.
En cuanto a los galardones, estos celebran este año su primera edición, promovidos por la Consejería de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo a través de la Fundación Andalucía Emprende, y tienen el objetivo de reconocer a las empresas andaluzas más innovadoras.

miércoles, 6 de noviembre de 2013


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Los misterios matemáticos ocultos en Los Simpson y Futurama

El equipo de guionistas de ambas series está compuesto por gente con antecedentes en matemáticas y ciencias aplicadas, lo que salta a la vista luego de un par de ejemplos.


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Los Simpson no necesitan presentación: probablemente sean una de esas referencias sin las que no podríamos entender el horizonte cultural de finales del siglo XX y principios del XXI. Pero la popularidad de la familia estadounidense más famosa del mundo (la cual, según George Bush I representaba “los peores valores sociales”) no depende solamente de la longevidad de la serie, sino de pequeñas provocaciones y sesgos dirigidos a los públicos más diversos.

En su libro The Simpsons and their matemathical secrets, Simon Singh comienza trazando una ruta por el recorrido filosófico de los Simpson: por referencias a Aristóteles, Sartre, Kafka o Nietzsche, además de los periplos teológicos de Homero en episodios como “Homer the Heretic” (1992): “¿Cuál es el punto de ir a un estúpido edificio cada domingo? Es decir, ¿que Dios no está en todos lados? ¿Y qué si elegimos la religión incorrecta? ¿Cada semana hacemos que Dios se enoje más y más?”

Pero es en cuanto a su relación con las matemáticas donde Singh introduce una nueva perspectiva: durante más de dos décadas, según el autor, los televidentes han estado expuestos a todo, desde “cálculo hasta geometría, desde π a la teoría de juegos, desde infinitesimales hasta infinitos.”

Y es que el equipo de guionistas de los Simpson no es un típico equipo de redactores: muchos de ellos tienen un pasado académico en física, matemáticas o ciencias computacionales, incluso hay algunos PhD en matemáticas aplicadas por universidades como Harvard o Berkeley. Este background de ciencias exactas es visible claramente en episodios como “Homer 3″, un capítulo de 1995 donde Homero entra por primera vez al mundo de la tercera dimensión. Pero Singh explica en su libro que hay mucho más en este capítulo que lo que el espectador neófito puede captar:
“En una sola secuencia hay un tributo a la ecuación más elegante de la historia, una broma que sólo funciona si conoces el último teorema de Fermat, y una referencia a un problema de matemáticas de $1 millón de dólares. Todo esto imbuido en una narrativa que explora las complejidades de una geometría de altas dimensiones.”

Homer 3D por Columbia-Pictures

Luego del éxito de los Simpson, en 1999 parte del equipo de escritores fue invitado a trabajar en otra serie de Matt Groening, la no menos exitosa Futurama. El escenario de ciencia ficción permitió que los matemáticos pudieran explorar temas “en una profundidad incluso mayor, con referencias a las cintas de Möbius, las botellas de Klein” y aritmética binaria. Pero es especialmente notable lo que ocurrió en el capítulo “The Prisoner of Benda” (2010), donde una máquina que puede intercambiar las mentes de una persona a otra abre paso a una nueva ecuación.
En el episodio, Fry, Bender, Leela y el profesor Farnsworth se intercambian las mentes hasta darse cuenta de que dos personas que han cambiado sus mentes mutuamente no pueden recuperarlas. Así, dos personas que hayan cambiado sus mentes solamente pueden recuperar su mente “original” a través de un tercero, que actuaría como intermediario. La pregunta de fondo es “¿cuántos intermediarios son necesarios para garantizar que las personas puedan volver a sus propias mentes, sin importar el número de personas y el número de previos cambios?” 
Ken Keeler, uno de los escritores de Futurama que ostenta un doctorado en matemáticas aplicadas, se dio a la tarea de resolver el enigma planteado por este capítulo y demostró que introduciendo dos personas nuevas en cualquier grupo, sin importar la historia de cambios de mente previos, es suficiente para que todas las mentes vuelvan a su lugar. Según Singh, la prueba final aparece escrita en un pizarrón al fondo de una escena de ese mismo capítulo. “Conocido como el teorema de Keeler o el teorema de Futurama, esta curiosa y creíble pieza de matemáticas ha inspirado subsecuentemente a otros matemáticos a explorar misterios relacionados con el cambio de mentes.”
¿Qué otra serie de TV puede jactarse de tener su propio teorema? ¿O de haber explicado las paradojas de los viajes espacio-tiempo junto a los Harlem Globetrotters?:

 www.elconfidencial.com
 
DISCOS DUROS DEL TAMAÑO DE UN GRANO DE ARROZ

Skyrmion, la misteriosa partícula que puede revolucionar la informática

Los skyrmions son un vórtice de átomos con forma de trenza que surge al aplicar una carga magnética sobre las partículas de ciertos materiales

No es la partícula de Dios, y seguramente su estudio jamás merezca un premio Nobel -además, su descubridor ya está muerto-, pero el halo de misterio que rodea a los skyrmions guarda similitudes con el bosón de Higgs. También su trayectoria es parecida. La partícula que podría inaugurar una nueva era de la informática desde el punto de vista del almacenamiento de datos fue formulada a principios de los 60, poco antes que las primeras teorías sobre el bosón. Su padre, el físico británico Tony Skyrme, fallecido en 1987, ha pasado de puntillas por la historia de la ciencia. 

Se le recuerda como un investigador modesto, de poca ambición, y a pesar de que su modelo matemático -al principio, la existencia de los skyrmions era sólo una hipótesis- solucionaba de manera solvente un problema físico de la época, a saber, el comportamiento de las partículas subatómicas, no alcanzó una gran repercusión. Tuvo mala suerte. Al menos, fue lo suficientemente audaz como para nombrar la partícula con su propio apellido. Por si las moscas.

En los 60, su hallazgo fue eclipsado por la formulación teórica de un elemento esencial de la física de partículas, los quarks, por culpa de los cuales los skyrmions llegaron al final de los 70 fatigados, como un pariente pobre de este componente fundamental de la materia.

Sin embargo, los 80 arrancaron con la aceptación del modelo de Skyrme por parte de sus colegas, pero entonces apareció en escena la teoría de cuerdas, centrando de nuevo el interés de la comunidad científica. El skyrmion desapareció del mapa: se convirtió en una partícula de culto sólo recordada por algunos nostálgicos.

Skyrme falleció, sin honores, justo antes del desarrollo de una aplicación científica que, de rebote, representaría un revulsivo para el skyrmion. En 1985, Klaus von Klitzing había obtenido el Nobel de Física por sus avances en el campo del efecto hall cuántico. Desde entonces, los dispositivos electrónicos basados en esta nueva vía fueron capaces de testar múltiples estructuras, entre ellas los skyrmions. En los 90, por fin, los científicos los vieron con sus propios ojos. La edad dorada de la partícula estaba a punto de iniciarse.

La primera aplicación
En la literatura científica, se describe a los skyrmions como un vértice de átomos que surge al aplicar, de forma controlada, una carga magnética sobre las partículas de ciertos materiales, de tal forma que los espines de los electrones, que en condiciones normales se alinean en la misma dirección, adquieren en los skyrmions una forma de trenza.

No obstante, más allá de la curiosidad física de la nueva estructura, el problema que arrastraba la partícula desde los 60 era que carecía de valor práctico que motivase a los investigadores a indagar en los misteriosos skyrmions. Finalmente, su aplicación llegó.

Representación gráfica del experimento de la Universidad de Hamburgo 

El skyrmion halló su utilidad en una tecnología emergente emparentada con la computación cuántica, la espintrónica, cuyo principal objetivo es el desarrollo de sistemas de almacenamiento y procesamiento de datos más potentes y dotados de una mayor capacidad, gracias al desarrollo de los bits cuánticos.

Un equipo de investigadores del grupo Wiesendanger de la Universidad de Hamburgo ha logrado, por primera vez, leer y escribir datos utilizando skyrmions, un hito científico que se postula como una posible revolución en el futuro de los discos duros.

Sin embargo, y a pesar de que los científicos conocían el potencial de la partícula en el campo del almacenamiento, nadie había podido demostrar, una vez más, su valor como soporte digital. 

Ha sido ahora cuando un equipo de investigadores del grupo Wiesendanger de la Universidad de Hamburgo ha logrado, por primera vez, leer y escribir datos utilizando skyrmions, un hito científico que se postula como una posible revolución en el futuro de los discos duros. No sólo desde el punto de vista de su capacidad: atendiendo también a una reducción significativa de su tamaño.

Discos duros del tamaño de un grano de arroz
Utilizando un microscopio de efecto túnel, los científicos alemanes han logrado generar y destruir, de forma estable, una cadena de cuatro skyrmions en una película magnética de paladio y hierro. En ese sentido, apuntan a la posibilidad teórica de fabricar discos duros que multipliquen en un 2000% la capacidad de los actuales discos magnéticos.

En cuanto a la reducción de su tamaño, ya hablan de discos duros del tamaño de un cacahuete en el caso de la memoria de un ordenador portátil; o de un grano de arroz en el caso de un iPod.

Esto es posible gracias a la misteriosa disposición de los espines. En los discos duros magnéticos convencionales, las partículas no pueden acercarse más allá de un límite por la simple razón de que se produciría una interferencia en el efecto de magnetización que terminaría por destruir los datos. 
Sin embargo, los skyrmions permiten comprimir la estructura de las partículas de tal modo que podrían fabricarse dispositivos veinte veces más pequeños que los actuales. Además, su consumo de energía es 100.000 veces menor.

La noticia tiene un contrapunto. El experimento no se realizó a temperatura ambiente. Los científicos necesitaron reducirla hasta los 4,2 grados Kelvin (-267 °C), la temperatura del helio líquido, incompatible con cualquier tipo de dispositivo electrónico. Además, el experimento sólo fue efectivo en el 60% de las pruebas. 

Simulación de la formación de skyrmions realizada por los científicos japoneses de RIKEN  

A pesar de su optimismo, los investigadores aseguran que aún resta un largo camino para su aplicación, aunque hace un mes un grupo de investigadores japoneses del centro tecnológico RIKEN reforzó la teoría de los alemanes con una nueva demostración: almacenar datos sobre skyrmions es una realidad.

Ahora, el principal objetivo a corto plazo es hallar un material con el que poder trabajar a temperatura ambiente y a partir del cual iniciar la fabricación de prototipos.

El fin de la ley de Moore
Desde los 60, la ley empírica de Moore se ha mantenido en el imaginario científico como una regla básica del desarrollo de la tecnología. No obstante, en los últimos años han surgido voces alternativas que vaticinan el final de una tendencia que hasta el presente ha sido válida.

Es el ocaso que ya vaticinó el físico teórico Michio Kaku: las leyes de la termodinámica y la física cuántica impedirán el cumplimiento a corto plazo de la ley de Moore. Mientras el propio Gordon Moore auguró en 2005 que su observación seguiría siendo posible al menos durante veinte años más, y la compañía de la que fue fundador, Intel, expresó hace un mes su convicción de que la firma se encuentra en disposición de ser fiel a la ley en el campo de los microprocesadores, por su parte, John Gustafson, responsable de la arquitectura de productos en AMD, afirmó en abril que la regla de Moore se encuentra en su recta final por las propias imposiciones de la física.

Es el ocaso que ya vaticinó el físico teórico Michio Kaku: las leyes de la termodinámica y la física cuántica impedirán el cumplimiento a corto plazo de la teoría. Si la ley de Moore reza que que cada dos años la cantidad de transistores en un circuito integrado se duplica, AMD explica que su capacidad tecnológica para reducir el tamaño de los transitores ya no da más de sí: pasar de 28 a 20 nanometros está resultando una odisea. Además, el proceso para implementar las mejoras resulta demasiado extenso y costoso.

Ante la evidencia de que será imposible mantener el mismo ritmo de evolución de las tecnologías informáticas, al menos según las mismas técnicas, ya colapsadas, las alternativas son necesarias. En esa línea, la computación cuántica y la espintrónica, de la que forman parte los skyrmions, aparecen como candidatas para la creación de un nuevo modelo de desarrollo, una nueva ley que convierta las observaciones de Moore en una broma.

O visto de un modo más irónico: una nueva ley que permita a las multinacionales tecnológicas seguir alimentando, ahora de forma más vertiginosa, la capacidad y la potencia de los dispositivos electrónicos en nombre del progreso científico, pero siempre bajo la dictadura silenciosa de la obsolescencia programada, una caducidad que en el futuro será cuántica.

Mientras tanto, el misterio de los skyrmions sigue vivo: ningún investigador sabe explicar a ciencia cierta cómo diablos se forman las trenzas de sus vórtices.
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Tecnología

Lo último de Apple permitirá controlar de forma automática la casa

Desde un Ipad se podrán controlar todos los mandos de la casa
Desde un Ipad se podrán controlar todos los mandos de la casa Platón
 
Apple acaba de registrar una nueva patente, la cual describe un sistema muy completo que controla un hogar conectado al iPhone o al iPad. La configuración permite que Apple utilice los datos de ubicación de los dispositivos para informar a los sistemas automatizados del paradero de un usuario y hacer cosas como apagar o encender la luz, la climatización, la televisión y mucho más. 

El sistema, recogido hoy en la Oficina de Patentes y Marcas de EE.UU., indica que uno o más servidores de retransmisión pueden acceder a los primeros datos recibidos de uno o más dispositivos como un iPhone, iPad, dispositivo de localización de vehículos o lector de tarjetas, se pueden conectar para saber la ubicación de un usuario. 

Con esto se pueden transmitir otras señales para que los sistemas domésticos conectados como la luz, sistemas de seguridad o abridores de puertas de garaje, se ejecuten a distancia. 

Este sistema de recopilación de información sería capaz de describir hacia dónde va un usuario y además, cuáles son las actividades que está realizando en el camino. Por ejemplo, si un usuario está en la calle de su casa, el sistema puede encender las luces de la casa cuando se acerca. 

Además, esta nueva patente de Apple no sólo funciona en aplicaciones de larga distancia, como el trabajo y el hogar, sino desde dentro de la propia casa.