miércoles, 26 de febrero de 2014

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Calefacción barata utilizando energía solar y materiales reciclados.

Su coste final no alcanza los 200 euros


Un problema habitual, una idea para solucionarlo y un poco de maña. Eso, unido a unos cuantos materiales reciclados, es todo lo que le hizo falta al canadiense Randy Buchanan para convertirse en una personalidad de internet en su país. Su mérito no fue otro que solucionar un problema común de forma barata y sencilla.
Buchanan vive en Fredericton, en la provincia Nuevo Brunswick, en el este de Canadá. Un lugar en el que los inviernos son terriblemente fríos, con temperaturas que pueden oscilar entre los 15 y los 35 grados bajo cero. Todo un problema para este canadiense. Buchanan es científico, y dirige una empresa de toxicología acuática desde hace más de veinte años. Parte de su trabajo la realiza en un laboratorio que ha instalado en un pequeño almacén en su casa. Allí tiene varias piscinas con peces, que le sirven para hacer pruebas.
Con esas temperaturas, mantener esas piscinas en las condiciones idóneas ha sido siempre un quebradero de cabeza para este científico. El consumo de energía en calefacción se dispara, así como la factura de la luz.

 

“Fue por esta razón por la que mi padre decidió buscar una alternativa renovable, para dejar de usar tanta electricidad  y bajar las facturas mensuales”, ha contado a Teknautas Riley Martens, hijo de Buchanan, que trabaja como profesor de español en un instituto madrileño.

La energía solar, abundante y gratuita

Encontró la fuente perfecta de energía en el sol. “Puesto que en Federicton casi siempre hace sol durante el invierno, decidió construir un radiador solar usando nada más que esa fuente de energía gratuita”, explica Martens. Muchos de los desarrollos ya estaban en internet, pero asegura haber incorporado algunas ideas propias.
Para su prototipo utilizó materiales reciclados y técnicas de bricolaje relativamente sencillas. En total, asegura que no gastó más de 300 dólares canadienses (un poco menos de 200 euros). "El precio dependerá de dónde encuentres los materiales, y si son de segunda mano o no", cuenta Martens.
La construcción y estructura de su invento se entienden mejor al observarlo, pero intentaremos hacer una descripción comprensible.
Buchanan construyó con tablones de madera reciclada una caja rectangular de mucha superficie pero baja, con dos agujeros circulares, uno en cada extremo, para dar entrada y salida al aire. La cubrió de espuma aislante de alta densidad y la pintó completamente de negro para optimizar la absorción de la energía solar.

 

Dentro de la caja colocó varios canalones, de los que se usan para canalizar la lluvia, y en su interior insertó latas de refrescos a las que había cortado los extremos superior e inferior. Así, logró que el aire circulase más despacio y se calentase mejor por el camino. Después de pintar esos tubos de negro también, cerró la caja con una gruesa lámina de vidrio (que compró de segunda mano), y la selló con silicona.
"Se pueden usar ventanas de un cristal, pero las dobles son mucho más eficaces y generan más calor. Este es el componente más caro. Sin embargo, como dice mi padre, cada día se reciclan muchas ventanas, y se pueden encontrar en lugares donde se procesan materiales de construcción", cuenta Martens.
A cada uno de los agujeros acopló un tubo de aluminio, también sellado a la caja para evitar fugas. Ambos tubos estaban conectados al interior de su garaje. Utilizando un ventilador, el aire entraba por uno de ellos dentro del horno, se calentaba dentro del horno, y salía, para volver a entrar en el garaje.

El comienzo de un posible negocio

“Los resultados de sus prototipos son increíbles”, cuenta Martens. “Con la ayuda de un ventilador, introducía el aire del almacén a 4 grados en el radiador y en los primeros 15 minutos lo devolvía a 52. Después de 30 minutos, y durante el resto del día mientras recibiese la luz directa del sol, el aire se calentaba a entre 33 y 38 grados, con una producción de aire constante de 150 pies cúbicos por minuto (unos 4,25 litros al minuto).” Las temperaturas son altas, pero al ir entrando en la habitación bajan un poco, logrando un efecto más templado.

 

Entusiasmado con los resultados, Buchanan los publicó en su Facebook, junto con una foto de su prototipo. y las redes sociales hicieron el resto. Su publicación comenzó a compartirse, recibió cientos de peticiones de amistad y cada vez más gente se interesó por su diseño. "Ahora tengo un millón de amigos", bromea Buchanan en una entrevista para la CBC, "Es increíble. Desde que lo publiqué en Facebook ha corrido por todo el mundo". El interés por su prototipo ha corrido como la pólvora: ¿cómo funciona?, ¿puede construirse a mayor o menor tamaño?, ¿cuánto está ahorrando exactamente?
A esta última cuestión, Buchanan responde que no lo sabe con detalle, pero señala que, en cualquier caso, la energía del sol le está saliendo completamente gratis. Las otras preguntas le han hecho considerar la posibilidad de crear un nuevo negocio basado en su dispositivo.
“Cualquier que tenga la capacidad de hacerlo por sí mismo no me necesitará, y cualquiera que realmente lo necesite para su casa, porque no pueda pagar la calefacción, tendrá mi ayuda. Pero hay mucha gente que no podrá construirlo por sí misma, que no sepa hacerlo o que no tenga un área de trabajo adecuada. Esperamos poder cubrir ese nicho”.

Un modelo adaptable a cada lugar

De momento, y mientras explora las posibilidades, Buchanan ya ha construido un segundo prototipo completo, de mayor tamaño, para calentar un gimnasio cercano a su casa.
Martens asegura que el diseño ideado por su padre sería perfectamente aplicable como sistema de calefacción en cualquier ciudad que cuente con muchos días de luz solar, como por ejemplo Madrid. "En estos momentos, mi padre está diseñando unos hornos más pequeños, que serán mejores para pisos y apartamentos", cuenta. En principio, se pueden acoplar a cualquier ventana, debe estar mirando hacia el sur y estar inclinado en un ángulo de 22 grados para recoger los rayos de sol invernales.
"Las horas de luz solar directa producen mucho más calor. Sin embargo, hemos notado que el aparato produce calor incluso por la mañana temprano con mucho éxito, alcanzando los 20 o 30 grados".

lunes, 24 de febrero de 2014

TECNOLOGÍA

Una trampa invisible para el mal ladrón

Cuatro apps para encontrar dispositivos robados o perdidos

Una trampa invisible para el mal ladrón

La historia de Joan Aragón, un informático al que robaron el móvil este mes y que halló al ladrón mediante fotografía, ha dado la vuelta al mundo. Desde que los dispositivos iniciaron una carrera evolutiva que los ha situado a la altura de los ordenadores, los robos se han multiplicado y por consecuencia las aplicaciones para evitar este tipo de problemas.
Una de las más conocidas es Cerberus. Fue la utilizada por Aragón. Permite proteger el dispositivo a través del control de forma remota por la web, por mensajes SMS y mediante una alerta SIM. ¿Para qué queremos el control del móvil si ya nos lo han robado? Esta app es como un brazo que nos permite localizar el dispositivo a través del GPS, borrar la memoria interna y de las tarjetas SSD que tengamos, a la vez que nos permite usar el micrófono y la cámara de forma secreta. El usuario puede hacer fotos y grabar audio para obtener más información sobre la persona que tiene el terminal, así como bloquear el móvil con un código para evitar su uso.
Ante el éxito de Cerberus, Google lanzó Android Device Manager. Esta app sirve para los terminales Android y es uno de los más extendidos. Permite localizar tu móvil robado y bloquearlo a distancia para evitar su uso. Si temes por la información que contiene, también permite su borrado.
Características similares tiene Prey Project. No está respaldado por una compañía tan potente como Google, pero sus opciones son mucho más completas. La app saca una foto al individuo que lo roba, permite la identificación vía GPS, informa sobre las redes wifi a las que se conecta el terminal, si han cambiado la SIM... Sin duda un abanico de opciones que será de utilidad ante problemas de robo.
Where's my droid es la última opción, aunque está más centrada en las pérdidas que en los robos. Aquí la clave es el sonido. Es una app que sirve para introducir una clave mediante SMS y que el dispositivo comience a sonar. El volumen cambia al máximo y será oído en intervalos de 30 segundos a 5 minutos.
Cuatro apps muy útiles para aquellos que han sufrido problemas de robo y que quieren poner una trampa invisible para los cacos.

Coltán: el mineral de la guerra.

Miguel del Pino Luengo es Biólogo y Catedrático de Ciencias Naturales.




El Coltán es un mineral muy escaso que sólo se encuentra en unas cuantas zonas de nuestro planeta, como Tailandia ( 5%), Brasil 5(%), Australia (10%) y África Central (80%, la mayor parte en la República del Congo).
Este mineral está formado por la combinación de dos elementos, ambos raros, llamados Columbio y Tantalio, y es componente fundamental de gran cantidad de aparatos e instrumentos de las llamadas nuevas tecnologías, como los móviles, las pantallas de plasma, los GPS, las videoconsolas, los Mp3 y Mp4, las cámaras de fotos y los juguetes electrónicos.
También requieren Coltán algunas estructuras tan importantes como los cohetes espaciales, las armas teledirigidas y los satélites artificiales.
República del Congo: riqueza, pobreza y guerra
Esta impresionante fuente de riqueza se extrae del suelo congoleño en minería a cielo abierto o por medio de la excavación de galerías y cuevas superficiales. En teoría debería ser una bendición económica para un país con una superficie de 2'34 millones de kilómetros cuadrados (5'5 veces España) y una esperanza de vida tan sólo de 47 años, pero lamentablemente no es así. ¿Qué ocurre con el Coltán en la República del Congo?
Esclavos por este nuevo "oro negro"
Mientras las mafias internacionales y los contrabandistas se enriquecen, los mineros congoleños trabajan en condiciones de verdadera esclavitud y vigilados por fuerzas paramilitares. Miles de niños trabajan en las minas y en consecuencia abandonan la escuela y los estudios.
Por término medio un trabajador congoleño cobra 10 dólares mensuales en otros trabajos mientras en las minas, obteniendo un kilo de Coltán al día, puede llegar a los 50 dólares semanales. El mineral puede alcanzar el precio de 500 dólares por kilo, así que las cuentas están claras: no es rentable trabajar en agricultura y ganadería, lo que conduce al abandono de las tierras de cultivo y de los animales domésticos.
Las guerras del Coltán
Los ingentes beneficios de la explotación del Coltán provocan algunas de las numerosas guerras fronterizas que son tan frecuentes en el continente africano y que por lo general pasan inadvertidas en Europa. Más de sesenta simultáneas se han llegado a contabilizar mientras algunas organizaciones pacifistas de los países desarrollados ni siquiera parecían enterarse. Los misioneros sí conocen bien la magnitud del desastre.
Estos conflictos suelen provocar grandes desplazamientos de población, con las consiguientes consecuencias: hambrunas, enfermedades y violencia. Realmente sale muy caro el mineral, esa "escoria negruzca", recurso estratégico de las nuevas tecnologías.
El abandono de las tierras de cultivo para concentrarse la población en la minería de Coltán acarrea desastrosas consecuencias ecológicas y económicas.
En algunas zonas llega a faltar el abastecimiento de productos básicos, mientras en otras, la invasión de tierras vírgenes provoca grandes daños para la fauna salvaje. Estos verdaderos santuarios de la humanidad pierden sus posibilidades de desarrollarse por la vía del turismo, como ha demostrado brillantemente el ejemplo de Kenya.
Los refugiados, sin hogar ni tierras, son otra de las consecuencias de estos grandes desplazamientos poblacionales. La acción constante de las guerrillas sobre la población indefensa es habitual, y poco o nada pueden hacer las fuerzas de pacificación internacionales. El Coltán, que debería ser una bendición para la República del Congo, dista mucho en la realidad de ello.
Extrañas cuentas sobre el mineral
Algunos países fronterizos con el Congo, que no tienen Coltán, hacen figurar este mineral en sus cuentas de beneficios anuales. Se trata de un Coltán "apropiado", por decirlo de manera benevolente. Las invasiones pulsantes de las guerrillas financiadas por las mafias explican estas posesiones del recurso que costado muchas muertes entre la población.
Para decirlo claramente, hay un gran negocio de contrabando de Coltán que implica a Ruanda, Uganda y Burundi.
Los otros masacrados
El santuario de los gorilas de montaña de los volcanes Virunga se encuentra en tierras fronterizas afectadas plenamente por la "guerra del Coltán", y suele ser invadido periódicamente por las guerrillas que avanzan o retroceden en función de los avatares de las contiendas. Los científicos se ven obligados a escapar a toda prisa, y cuando pueden volver suelen encontrar diezmadas a las familias de gorilas que estaban estudiando.
La población de gorilas de montaña se ha reducido en un 90% en las zonas afectadas por la actuación de las guerrillas, la de elefantes lo ha hecho en un 80%. Una verdadera destrucción masiva que acabará a corto plazo con la gran fauna centroafricana.
La sociedad del despilfarro
Mientras todo esto sucede en el corazón de África, en el mundo desarrollado parece que no se tiene en cuenta algo tan fundamental como esto: muchos de los ingenios de nuevas tecnologías se basan en recursos muy escasos como el Coltán y otros minerales y elementos raros. ¿Hasta dónde puede consumirlos la sociedad del despilfarro?
¿Podemos abandonar o tirar tranquilamente un móvil u otro aparato similar, sin pensar en la necesidad imperiosa de reciclarlo?
Quienes reciclan sus teléfonos, sus ordenadores, sus televisores o sus electrodomésticos en general, son ciudadanos especialmente motivados, sin duda ejemplares, pero lo que hoy es un hábito saludable y solidario será muy pronto una necesidad inexcusable.
De seguir el consumo al ritmo actual no habrá suficiente Coltán, ni litio, ni bastantes "tierras raras" para atender la demanda de nuevas tecnologías, y algunos tendrían muy difícil a estas alturas prescindir de ellas. ¿Se imaginan carecer de móviles y tener que ir a la centralita para poner una conferencia?
En tiempos de la explosión ecologista de los años ochenta no cabe duda de que se plantearon numerosas fórmulas de imposible cumplimiento, pero recordemos aquella "regla de las tres erres" que se formulaba como principio fundamental: reduce, recupera, recicla. Lejos de haber perdido actualidad, por el contrario la contemplamos hoy como norma inexcusable de conducta ciudadana.


viernes, 31 de enero de 2014

LA HISTORIA DE LA ALMERIENSE JOSEFA HERRADA

Con 76 años aprende a leer, a usar un PC y a navegar (y publica un libro)osefa Herrada, escribiendo en su vivienda



La de Josefa Herrada (Almería, 1936) es una de esas vidas que nunca se cuentan. Forma parte de esa colmena nacional de millones de historias de españoles anónimos que conocieron, en el siglo pasado, una pobreza que sonrojaría a los jóvenes herededos de la crisis financiera global. Empezó a trabajar tan pronto que ni siquiera se acuerda. En el campo, un sector tanboyante que a veces no daba para echarse a la boca más que un puñado de naranjas podridas. En un tiempo donde los niños, como le ocurrió a su hermana, morían en casa por falta de asistencia. Y no iban a la escuela.
Aquello es su pasado. El presente es mejor, y su último capítulo está relacionado con las nuevas tecnologías. Desde que Josefa empezó a ver en televisión ordenadores donde "la gente escribía en las pantallas", quiso aprender a hacerlo. "Yo veía en la tele a personas que publicaban sus memorias y pensaba que ojalá algún día yo pudiese verme escribiendo las mías en un ordenador. Esa idea me volvía loca", cuenta a Teknautas Pica, como le llaman en Gador, un pueblo de poco más de 3.000 habitantes a pocos kilómetros de Almería. 
Así nació su sueño, en la tele, pero el obstáculo principal era que no sabía leer ni escribir. En 2006, decidió remediarlo y se apuntó en una escuela de adultos, donde pronto aprendió a dominar las reglas del lenguaje. "Con el tiempo, las maestras me hacían dictados y ya no cometía faltas. Y me ponían cuentas cada vez más difíciles, divisiones con varias cifras, y las sabía hacer".
El telecentro de la esquina
El día que cambió su vida para siempre regresaba a su casa de la escuela cuando se encontró, de repente, con un establecimiento nuevo. Dentro, vio los mismos ordenadores que había visto en la tele. "Y como soy muy preguntona, entré a preguntarle a un muchacho qué era aquello. Me dijo que era un centro público y que podía apuntarme, y me apunté. Pensé que Dios había puesto aquel sitio en mi camino".
Aquel muchacho era Pedro Higueras, coordinador de Guadalinfo, un telecentro para dar acceso a internet a las personas en situación de exclusión social. "Empezamos por lo básico, a manejar el ratón y el teclado, aunque ella pronto se interesó por el Open Office. Tenía muchas ganas de aprender, yo no he visto nada semejante en mi vida. Es un ejemplo para todos. Estaba obsesionada con la idea de escribir sus memorias. Venía todos los días, más de cinco horas", cuenta a Teknautas Pedro Higueras.
Josefa llegaba a primera hora con un cuaderno donde había apuntado sus ideas la noche anterior, que inmediatamente empezaba a volcar en un documento de texto. A mediodía, cuando el centro cerraba, Josefa se iba a casa, pero a primera hora de la tarde regresaba para seguir escribiendo hasta el final de la jornada. "Al final aprendió a escribir con las dos manos. Y ni siquiera miraba el teclado, sólo la pantalla", recuerda el coordinador de Guadalinfo.
Las memorias de una vida
"La primera vez que vi el ratón me asusté, porque se me escapaba. Pero los ordenadores me volvían loca, me encantaban. Entre el tiempo que pasaba en la escuela y con los ordenadores, mi marido me decía: '¿Hoy qué comemos, Josefa?' Es que no paraba en casa", bromea la andaluza, que con el tiempo también empezó a entrar en internet, aunque la web nunca le interesó. Todo lo contrario que el correo electrónico, una herramienta que le impresionó: se abrió una cuenta de Gmail y empezó a intercambiar emails con su primo de Brasil, también adjuntando fotografías.
Aunque lo importante eran las memorias. "He ido escribiendo sobre todo lo que me acordaba de mi vida. Todos los días un poquito. De cuando mi padre iba en ayunas al monte y sabía la hora por los astros. Y volvía por la noche con un kilo de harina que comíamos sin aceite. De cuando trabajábamos en las naranjas, o en las uvas, hasta las doce de la  noche; y de cómo nos alegrábamos cuando desayunábamos arenques. Siempre hemos sido trabajadores, muchas veces no comíamos, y la única luz que teníamos era un candil. He escrito de todo, también poesías que se me venían a la cabeza. Si hubiese tenido las herramientas que hay ahora hubiera sido escritora", bromea.
Josefa Herrada, leyendo sus memorias impresas
Josefa Herrada, leyendo sus memorias impresas
Josefa terminó el libro en 2010, con la ayuda de su editor particular: el coordinador del telecentro. Desde entonces, el documento gestado en Guadalinfo permaneció guardado en un pendrive. Eso no le gustaba: no era un libro de verdad. Entonces volvió a encontrarse delante de la tele, donde continuamente aparecían personas que presentaban libros que a Josefa le hacían pensar, amargamente, en el suyo. Además, en el camino, falleció su marido. A partir de ese día, Josefa no volvió al telecentro. Perdió la ilusión por los ordenadores, por sus memorias y se dejó llevar. 
Hasta el pasado sábado, cuando volvió a ser la mujer más feliz del mundo. "Me llevaron engañada como una tonta diciéndome que íbamos a ver una actuación de mi nieta, en el instituto. Y de repente me vi sentada al lado del alcalde, entonces empezaron a hablar de mi libro y cuando lo vi me eché a llorar". Sus dos hijos, Pepa y Manuel, habían editado para ella, por su cuenta, una pequeña edición titulada Fica: la historia de una vida de superación. Con su sueño cumplido, ha recuperado las ganas de sentarse de nuevo frente al ordenador para seguir contando la historia de su vida. "Escribí para que mi familia supiera lo que era su madre"

miércoles, 22 de enero de 2014

Desarrollan una batería de azúcar con una alta densidad energética

Los expertos creen que este hallazgo podría reemplazar a las baterías convencionales ya que éstas son más baratas, rellenables, y biodegradables



Percival Zhang (D) y Zhiguang Zhu (I) muestran su batería de azúcar.

Percival Zhang (D) y Zhiguang Zhu (I) muestran su batería de azúcar.VIRGINIA TECH

Un equipo de investigadores de Virginia Tech ha desarrollado una batería que funciona con azúcar y tiene una densidad de energía sin igual, según han explicado sus autores. Los expertos creen que este hallazgo podría reemplazar a las baterías convencionales ya que éstas son más baratas, rellenables, y biodegradables. Aunque se han desarrollado otras baterías de azúcar, ésta tiene una densidad de energía de un orden de magnitud mayor que las demás, lo que le permite funcionar más tiempo antes de tener que repostar, ha explicado uno de los autores principales del estudio, Percival Zhang. A su juicio, esta batería podría ser una realidad en unos tres años, para aplicar en teléfonos móviles, tabletas y los otros aparatos electrónicos.
Para llevar a cabo este avance, el equipo de expertos construyó una vía enzimática sintética, no natural, que permite utilizar todos los potenciales de carga del azúcar para generar electricidad en pilas de combustible enzimáticas, que se utilizarán en lugar del costoso platino habitual en las baterías convencionales. 
Como todas las pilas de combustible, la batería de azúcar combina combustible -en este caso, maltodextrina, un polisacárido a partir de la hidrólisis parcial del almidón- con aire, para generar electricidad y agua como los principales subproductos.
A diferencia de las células de combustible de hidrógeno y pilas de combustible de metanol, la solución de azúcar de combustible no es ni explosiva, ni inflamable y tiene una mayor densidad de almacenamiento de energía. Las enzimas y los combustibles utilizados para construir el dispositivo son biodegradables. "El azúcar es un perfecto almacenamiento de energía existente en la naturaleza, así que es lógico que queramos aprovechar ese poder natural para crear una batería que, además, es respetuosa con el medio ambiente", ha apuntado el científico, cuyo trabajo ha sido publicado en 'Nature Communications'.
Sólo en Estados Unidos, miles de millones de baterías tóxicas se desechan cada año, lo que representa una amenaza para el medio ambiente y la salud humana, de acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental.
 El trabajo de Zhang podría ayudar a evitar que cientos de miles de toneladas de baterías acaben en los vertederos.

viernes, 20 de diciembre de 2013


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CONTRA EL TARIFAZO, 

LOS MEJORES GADGETS 

PARA AHORRA ENERGÍA

La luz ha subido un 71% en diez años





Agárrense que vienen curvas. Vendrán en forma de un nuevo tarifazo de la luz, y ya van tantos que hemos perdido la cuenta. Según datos del Ministerio de Industria, el recibo de la luz ha aumentado un 71% en la última década. Ahora, cada hogar español paga de media 615 euros al año (la cifra asciende a 990 euros anuales según este informe del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía). Y como decimos, ya hay a la vista otro incremento, que se repetirá, según parece, cada mes de enero durante los próximos 15 años.

Ante este panorama, y con una situación económica delicada para muchos (por no decir precaria) el ahorro de energía se ha convertido en una necesidad fundamental. Hay que reducir gastos en todo lo posible. E incluso si somos de los afortunados a los que la crisis no ha golpeado con toda su dureza, la contención en el gasto de energía sigue siendo recomendable. Parafraseando un eslogan muy popular en los 70, tras la crisis del petróleo, “aunque usted pueda pagarlo, España no puede”.

Conocer al detalle nuestro consumo eléctrico

Empezamos con un dispositivo que no sirve exactamente para ahorrar, sino para conocer en detalle nuestro consumo, lo que supone un primer paso para reducirlo. Los medidores de consumo energético que se pueden encontrar en el mercado van desde los 20 euros hasta los casi 100, según sus características.

Los medidores de consumo individual, como el Socket de Efergy, son los más sencillos y baratos (este cuesta 24,90 euros). Cuentan con un sensor que se aplica a un solo enchufe y un dispositivo con una pantalla (según el modelo, la pantalla va insertada en el propio sensor), similar a un reloj de mesa. Miden el consumo del dispositivo (o dispositivos, si utilizamos un ladrón múltiple) que tengamos conectado en esa toma, por lo que son muy útiles si queremos saber cuánto consume uno de nuestros aparatos en concreto.




Por otra parte, podemos utilizar un medidor de consumo total, como el Engage Hub kit, también de Efergy, para saber cuánta energía estamos utilizando en toda la casa en un momento concreto, e incluso mantener un seguimiento en el tiempo. Este kit cuenta con un sensor en forma de pinza que se conecta al cable de entrada de corriente en el cuadro eléctrico, un emisor situado fuera del cuadro y una centralita conectada al router.
La información se descarga en el ordenador y se puede seguir la evolución del consumo por meses, semanas, días, medias diarias… en forma de tablas de datos y en gráficos. Con la idea de motivar el ahorro, se pueden comparar nuestros registros con los de otros usuarios así como compartir consejos para seguir mejorando

¿Me meto en reformas?

Ya sabemos cuánto gastamos, ¿cómo podríamos reducirlo? En algunos hogares basta con cambiar algunos pequeños comportamientos, pero en otros es necesario llevar a cabo una reforma más profunda. Como eso ya es meterse en palabras mayores, conviene tener claro qué es lo que queremos hacer y cuál será su impacto en nuestro consumo. La Fundación Laboral de la Construcción incluye en su web un simulador que permite seleccionar una serie de mejoras para nuestra casa o edificio y comprobar cómo nos beneficiarían en cuanto a consumo energético, gasto económico e incluso emisiones de CO2.
Para utilizarlo, basta con escribir "invitado" tanto en el campo del usuario como en el de la contraseña. A partir de ahí, hay que seleccionar las características generales de nuestra casa, como la provincia en la que se encuentra, su temperatura interior media en verano y en invierno, el tipo de edificio y el sistema de calefacción.
Con esos datos, calcula la calificación energética de la vivienda y el consumo y coste que conlleva, y solo queda ir probando: cambiar la carpintería y los cristales de las ventanas, la cubierta del tejado o el suelo son algunas de las reformas que hacen descender el gasto estimado en energía, pero dependiendo de los materiales ese descenso será más o menos pronunciado. 
Domótica en casa controlada desde el móvil
La automatización de muchos de los principales sistemas de consumo eléctrico, como la iluminación o la calefacción, unida a la posibilidad de controlarlos desde el ordenador o directamente desde el móvil son una de las tendencias en lo que a favorecer el ahorro se refiere.
En este sentido, existen varias opciones que apuestan por esta nueva domótica. Una de ellas es Wattio, un producto creado por una empresa de San Sebastián y formado por cuatro componentes: Bat, un monitor que se coloca en el cuadro eléctrico; Gate, el panel de control táctil desde el que manejar todo el sistema; Pod, un adaptador para los enchufes y Thermic, un termostato.
Utilizando esos cuatro elementos se puede automatizar el encendido y apagado de los electrodomésticos y dispositivos, así como programar la calefacción, desde el ordenador o desde el móvil. Esto permite, por ejemplo, encender la calefacción un rato antes de llegar a casa y apagarla por las noches cuando haya llegado a una temperatura determinada, o asegurarnos de que la televisión no ha quedado en modo standby, consumiendo energía. El pack básico cuesta 199 euros y ya se puede reservar a través de su página web.
Podemos medir cualquier tipo de consumo que funcione por pulsos, tanto electricidad, como agua y gas. Tenemos los topes de esos consumos, observamos las horas, cruzamos los datos y enviamos alarmas al usuario por email, SMS e incluso WhatsAppPensado más allá de la electricidad, para controlar también otros gastos, está el sistema C3M Energy Manager, de nuevo de factura española. Lo que hace este servicio es monitorizar el consumo, utilizando analizadores que instalan en los principales cuadros de consumo de una casa (o una oficina) y conectándolos a una red wifi.
“A partir de ese punto, iniciamos un control y avisamos si hay un uso indebido de la energía”, explicaba el CEO de C3M, Juan Alonso Bermúdez de Castro a Teknautas. “Podemos medir cualquier tipo de consumo que funcione por pulsos, tanto electricidad, como agua y gas. Tenemos los topes de esos consumos, observamos las horas, cruzamos los datos y enviamos alarmas al usuario por email, SMS e incluso WhatsApp”. La compañía promete un ahorro de hasta el 60% en las facturas.
Para no dejarte la televisión encendida
Estás en el salón viendo la tele, te vas a la cocina a hacer la cena y la tele se queda encendida, hablándole a las paredes y consumiendo electricidad. Y quien dice la tele dice una lámpara, la cadena de música o cualquier otro dispositivo. Nos ha pasado a todos, por mucho que intentemos evitarlo.
Para ayudarnos está EnergyEgg, un dispositivo que sabe cuándo has salido de la habitación y apaga la tele (y lo que haga falta) por ti. Cuesta 40 libras (unos 48 euros al cambio) y se puede adquirir en varios colores a través de la web.
El gadget está compuesto de dos partes, un sensor de movimiento y un adaptador para los enchufes. Cuando elhuevo no detecta ningún movimiento durante un periodo de tiempo predeterminado por el usuario, envía la señal al adaptador del enchufe para que corte la corriente, apagando los dispositivos conectados a él. Por suerte, avisa con un pitido un minuto antes de apagarse, lo que te da tiempo a agitar los brazos para indicar tu presencia si es que estabas en la habitación completamente quieto.
También tiene un botón en la parte superior con la que apagar en un solo movimiento, todo aquello a lo que esté conectado. Funciona con varios adaptadores al mismo tiempo en un radio de 20 metros, y puedes conectar un ladrón múltiple a los adaptadores, así que prácticamente todos tus dispositivos pueden quedar dentro de su radio de acción.
Pon a descansar tu ordenador con un 'clic'
Te levantas para ir al baño, para comer o para lo que sea y tu ordenador se queda encendido. “Con lo que tarda en arrancar…” es el motivo más habitual. Pero ya no es cosa de apagarlo, es que tampoco hacemos un buen uso de la configuración de energía para reducir su consumo en los ratos que no estamos sentados delante.
Ecobutton pretende acabar con eso gracias a su facilidad de uso y a que sirve como un recordatorio constante de que podemos ahorrar energía con un solo clic. Se trata de un botón físico conectado vía USB al ordenador que activa la opción de ahorro de energía al pulsarlo.
Cuesta unas 13 libras (15,5 euros) y se puede adquirir por internet. Para utilizarlo, hay que instalar el software gratuito que hará que el ordenador reconozca el botón. Una vez hecho esto, solo hay que pulsar el botón cuando vayamos a dejar de utilizar el equipo y éste entrará en el modo de menor consumo que hayamos prefijado. Para volver a despertarle, solo hay que pulsar de nuevo el botón.
Para motivar a su uso, Ecobutton no solo se ilumina en distintos colores según lo que estemos consumiendo, sino que mantiene las cuentas de cuánta energía hemos conseguido ahorrar gracias a él.
Una compañía eléctrica virtual
Del mismo modo que las operadoras de telefonía virtuales están conquistando su cuota de mercado a base de precios más bajos que las tradicionales, Holaluz es una compañía eléctrica virtual que quiere atraer clientes gracias a su oferta. De hecho, funcionan de forma similar: compran la energía en el mercado mayorista (aseguran que toda proviene de fuentes renovables) y alquilan la red eléctrica para llevarla a casa de sus clientes.
Funcionan exclusivamente a través de internet, y prometen un ahorro de hasta el 30% en la factura eléctrica para negocios. No dan cifras concretas en cuanto al ahorro de particulares, pero sus precios están publicados en su página web y ofrecen un servicio de comparativa que permite averiguarlo en cuestión de segundos. Además, no obligan a firmar ninguna permanencia y aseguran una atención al cliente personalizada.
Métodos alternativos para cargar tu móvil
Desenchufar los cargadores una vez que la batería de nuestros dispositivos móviles está completamente cargada es otro de esos consejos habituales que no todos seguimos. Es conveniente acordarse de hacerlo, pero si lo que quieres es ahorrar de verdad en este aspecto, aquí van a modo de ejemplos anecdóticos dos gadgets para que cargues el móvil de formas alternativas.
Solepower es una plantilla para los zapatos que acumula la energía de los pasos en una pequeña batería que podemos colocar alrededor de nuestro tobillo o engancharla en el propio zapato. Una vez nos hemos dado un buen paseo, la batería estará llena, así que la podemos enchufar al teléfono y recargarlo. Según sus desarrolladores, se puede cargar completamente un iPhone con un paseo de entre 4 y 8 kilómetros, según el ritmo que llevemos.
Sin embargo, estamos en época de frío y lluvia, y quizá no te apetezca nada salir a pasear. Si eres de los que prefiere quedarse en casa tranquilamente disfrutando de la tranquilidad y el calor del hogar, iRock es tu silla. O tu mecedora, mejor dicho, ya que es el balanceo lo que produce la energía para cargar tu dispositivo (un iPad en este caso).
Claro que, en el caso de este peculiar gadget, lo que ahorremos en electricidad difícilmente compense el precio, que era de unos 1.300 dólares en su primera versión. Eso, sumado a que una hora de balanceo supone una carga del 35%, lo convierte en una opción cara y más bien poco eficiente. Sale bastante más a cuenta acostumbrarse de una vez a desenchufar el cargador...


Leer más:  Contra el 'tarifazo', los mejores 'gadgets' para ahorrar energía - Noticias de Tecnología http://www.elconfidencial.com/tecnologia/2013-12-20/contra-el-tarifazo-los-mejores-gadgets-para-ahorrar-energia_68290/#lpu6UKPJVHAuW9ga

miércoles, 18 de diciembre de 2013


www.elconfidencial.esuna implicación casi temeraria: inventores que no sobrevivieron a sus creacionesGENIOS QUE SE DEJARON LA VIDA






El proceso de inventar algo rara vez es un camino de rosas. No solamente están los desafíos técnicos que hay que superar y que suponen una prueba al ingenio, sino que asuntos tan mundanos como las patentes, las inversiones o la comercialización se pueden convertir en un dolor de cabeza para el creador, alejando la llegada de su idea a las manos de la gente que podría beneficiarse de ella. 
Pero en otras ocasiones los obstáculos mucho más tangibles y de tal magnitud que los inventores se dejan por el camino su propia vida. 
En algunos casos sufrieron desafortunados accidentes, mientras que en otros la temeridad les jugó una mala pasada. Muchos de ellos están relacionados con la búsqueda de nuevas formas de transporte, y con razón: lanzarse desde las alturas o desplazarse a gran velocidad son experiencias fascinantes pero aún peligrosas hoy en día.
Otto Lilienthal, en busca del vuelo sin motor
La relación entre el hombre y su sueño de volar es la responsable de muchas de las muertes de inventores que se han producido en la historia. Es lógico: la idea es tentadora, pero vencer a la gravedad no es fácil y las consecuencias de intentarlo pueden ser catastróficas.
Otto Lilienthal lo vivió en propia piel. Este ingeniero civil alemán trabajó durante años junto a su hermano para diseñar un sistema de vuelo unipersonal sin motor. Construyó cerca de Berlín una pequeña colina que empleaba para lanzarse en sus pruebas y realizó más de 2.000 vuelos cortos con sus prototipos, gracias a los que perfeccionó sus diseños. Escribió varias obras con sus observaciones, y algunas fueron clave para el éxito posterior de los hermanos Wright.

Su habilidad como ingeniero y trabajo incansable le convirtieron en uno de los expertos en esta área durante su época, y la publicación de fotografías en varias revistas norteamericanas, en las que aparecía equipado con alguno de sus diseños y saltando desde lo alto, le dieron cierta fama.
Sin embargo, una de sus pruebas terminó en tragedia en agosto de 1896, cuando el equipo de vuelo falló y Lilienthal se estrelló desde 17 metros de altura. 

La caída le provocó graves heridas, entre ellas la rotura de la columna vertebral, que le causaron la muerte al día siguiente.
Franz Reichelt y Karel Soucek, sus trajes no les salvaron de la caída
Continuando con el sueño de volar, tanto Franz Reichelt como Karel Soucek fueron víctimas de un exceso de confianza en sus propios inventos a la hora de vencer la gravedad. Ambos inventores nacieron en lo que hoy es la República Checa, aunque en dos momentos distintos: Reichelt a finales del siglo XIX y Soucek a mediados del XX, pero los dos tuvieron una muerte similar.
Franz Reichelt fue un sastre nacionalizado francés que ejerció en París durante el cambio de siglo. Allí, supuestamente siguiendo los diseños de Da Vinci, ideó un traje que funcionaría de forma similar a un paracaídas: llevándolo puesto, un hombre podría saltar desde las alturas y bajar despacio hasta posarse en el suelo. En 1912 probó su invento desde lo alto de la Torre Eiffel lanzando un muñeco vestido con su traje. Se estrellaron contra el suelo, pero Reichelt estaba convencido de que su diseño era correcto y el fallo estaba en que el muñeco no podía abrir los brazos. 
Decidió probarlo él, y se tiró desde el mismo lugar. El traje, de nuevo, no funcionó, y Reichelt falleció al chocar contra el suelo. Varios policías, algunos curiosos y un equipo de cámaras se encontraban reunidos para ver el fallido experimento, por lo que han quedado grabaciones para la posteridad del fatídico salto de Reichelt.
Karel Soucek, por su parte, fue un aventurero nacionalizado canadiense, famoso por lanzarse en 1984 desde lo alto de las Cataratas del Niágara en el interior de un barril acolchado diseñado por él mismo. 

Había realizado varias pruebas previamente y el salto fue un éxito. 

Se hizo famoso en televisión y se preparó para repetir la azaña al año siguiente desde lo alto del estadio Astrodome de Houston.

Pero en esta ocasión algo salió mal, el barril se desequilibró y la trayectoria no fue la prevista: en vez de caer en medio del tanque de agua situado en el suelo del estadio, se golpeó contra el borde. Soucek fue rescatado con vida, pero falleció pocos minutos después a causa del impacto, delante de 35.000 espectadores.

William Bullock, atrapado por su propio invento.

William Bullock es un ejemplo de otro tipo de muerte por parte de un inventor, el del accidente desafortunado. En este caso, no hubo temeridad ni desafío a las leyes de la física, solo un momento de mala suerte.



William Bullock era inventor, además de un empresario dedicado al sector de la prensa. Desde joven se interesó por la mecánica, y desarrolló una máquina cortadora de tejas, una prensa de algodón y una sembradora de grano, con la que ganó un premio del Instituto Franklin en 1849.
A partir de su entrada en el equipo de edición de un periódico local de Filadelfia, comenzó a trabajar en una imprenta más eficiente que las que existían en la época. A partir del diseño de la rotativa ideado por Richard March Hoe en 1843, creó una versión mejorada. En su invento, los grandes rollos de papel entraban automáticamente en la máquina, eliminando la necesidad de introducirlos de forma manual constantemente. Además, imprimía por las dos caras, doblaba el papel y cortaba las hojas por el lugar indicado con precisión.
En abril de 1867, Bullock se encontraba ajustando la máquina en el taller de impresión del Philadelphia Public Ledger y, al intentar colocar una correa dándole un golpe con el pie, su pierna quedó aprisionada en la rotativa, aplastándosela. 

Consiguieron liberarle, pero la herida que sufrió en el accidente se infectó y termino engangrenándose. Bullock murió varios días después, mientras era sometido a una operación para amputarle la pierna.
Aleksandr Bogdánov, pionero de las transfusiones de sangre
Al igual que el caso de Bullock, la muerte del ruso Bogdánov puede considerarse efecto de la mala suerte, aunque él si se había expuesto a cierto riesgo al realizar uno de sus experimentos sobre sí mismo. 
Alexander Bogdánov fue un filósofo, médico y teórico económico que vivió los últimos años del Imperio Ruso y participó activamente de la revolución bolchevique. 

Fue detenido en varias ocasiones, y llegó a rivalizar en influencia con el propio Lenin. Poco a poco tomó un papel más secundario en la esfera política.
Alexander Bogdánov (izda.) juega al ajedrez con LeninAlexander Bogdánov (izda.) juega al ajedrez con Lenin
Una de sus áreas de estudio se centró en la práctica de transfusiones de sangre, que empezó a investigar en 1924

Con este procedimiento esperaba no solo restablecer la salud de los enfermos, sino recuperar cierta juventud. Según sus apuntes, tras someterse a once transfusiones pudo comprobar que su vista mejoraba.
Sin embargo, este mismo procedimiento le causó la muerte poco después: en 1928 se sometió a una transfusión sanguínea que podrá haber estado contaminada con malaria o tuberculosis. Otras voces apuntan a que sufrió un caso de incompatibilidad sanguínea, ya que la diferencia entre grupos no estaba estudiada al detalle por entonces.
Thomas Midgley, atrapado por el sistema que diseñó para ayudarse
Thomas Midgley es otro inventor que decidió ser de los primeros en probar su propio ingenio. Su muerte, sin embargo, no se debe a nada más que a una funesta mala suerte.



















Migdley fue un ingeniero y químico norteamericano que vivió entre finales del siglo XIX y principios del XX. Entre el centenar de patentes registradas con su nombre se encuentran algunos aditivos para la gasolina muy utilizados en su época así como algunos de los primeros CFCs. Fue muy reconocido en su época, pero el fuerte impacto ambiental de sus desarrollos ha oscurecido su legado años después de su muerte.
Sin embargo, el invento que causó su muerte no tenía nada que ver con la química y pocos podrían haber encontrado en él nada reprochable.

En 1940, a los 51 años, Migdley contrajo la polio, lo que le causó una grave discapacidad física que le impedía moverse de forma autónoma.
Para solucionar en parte su problema y el de otros en su misma situación, ideó una cama con un sistema de cuerdas y poleas que le ayudasen a incorporarse sin ayuda. Este sistema fue la causa de su muerte un tiempo después, al quedarse enganchado en las cuerdas mientras dormía, lo que le provocó la muerte por asfixia.
Donald Campbell, récord de velocidad sobre el agua
Igual que lanzarse desde las alturas ha provocado más de un accidente, la velocidad es otro factor involucrado en la muerte de algunos inventores. 

Fue el caso de Donald Campbell, un deportista británico de principios del siglo XX que se hizo famoso por batir en varias ocasiones el récord de velocidad tanto en tierra como sobre el agua. De hecho, es la única persona que ha logrado superar ambas marcas en el mismo año.
El padre de Campbell fue también conocido por superar los récords establecidos de velocidad en una serie de vehículos que bautizó como Bluebirds, con los que se refería tanto a coches como a barcos. 

Campbell heredó esa afición por ir más rápido de lo imaginable en su época, y aplicó una serie de mejoras sobre los diseños de su padre. Uno de ellos, el Bluebird K7, era el vehículo acuático con el que quiso batir su propio récord en 1967.
La prueba se llevó a cabo en Coniston Water, en Inglaterra. 

El sistema de alimentación de la máquina había dado algunos problemas en los meses de antes, impidiendo que alcanzase su velocidad máxima, pero Campbell confiaba en haber arreglado el fallo.

Sobre las aguas del lago, Bluebird comenzó a ganar velocidad poco a poco, pero al alcanzar su pico de velocidad, cercano a los 500 kilómetros por hora, el vehículo perdió la estabilidad y se levantó hasta situarse en vertical. En seguida dio una voltereta sobre sí mismo y se estrelló contra el agua. 

Campbell falleció en el acto, y su cuerpo no fue rescatado hasta mayo de 2001.

Henry Smolinski, inventor del primer coche volador

La idea de un coche híbrido capaz de circular por carretera y de volar por el aire ha capturado la imaginación colectiva desde hace décadas, y aún hoy hay intentos de conseguir un modelo comercializable

En los años 70, Henry Smolinski decidió ponerse manos a la obra y probar suerte.

Smolinski fundó la empresa Advance Vehicles Engineers en 1971 con el objetivo de diseñar un coche volador. El único modelo que llegó a producir fue el AVE Mizar y era, casi literalmente, un Ford Pinto pegado a una avioneta Cessnar Skymaster. Su propósito no era que el coche despegase en cualquier momento para evitar un atasco, sino más bien que pudiese volar de un aeropuerto a otro y, una vez aterrizado, circular con normalidad. Los controles del coche estaban adaptados para conducir o pilotar según el momento.

En agosto de 1973 realizaron la primera prueba de vuelo, a cargo de un piloto de pruebas experimentado. El soporte del ala derecha falló poco después del despegue, pero el piloto consiguió aterrizar en una explanada cercana y volvió conduciendo el vehículo hasta el aeropuerto. En septiembre del mismo año, la suerte no acompañó al piloto, que en esta ocasión era el propio Smolinski, acompañado por su socio, Hal Blake. 

De nuevo, el soporte del ala derecha falló y se desprendió cuando Smolinski intentó girar para volver a la pista.

El Mizar se estrelló aparatosamente contra el suelo y ambos murieron en el acto. Esto frenó la producción en masa del vehículo, que estaba previsto que comenzase el año siguiente. 

La empresa pensaba venderlos por entre 18.000 y 29.000 dólares.

Michael Dacre, padre del primer 'aero-taxi'

Continuando en la estela de los amantes de la aviación, el británico Michael Dacre es uno de los últimos inventores en entrar en esta triste lista. 

Fue el creador del primer taxi volador, bautizado como Jetpod, diseñado para despegar en 125 metros y aterrizar en 300; espacios relativamente pequeños, lo que le habría permitido, junto con una baja tasa de emisiones, operar cómodamente en el centro de las ciudades. 

La idea de este empresario era crear rutas aéreas que sobrevolasen los puntos más concurridos de las ciudades, llevando clientes de unos puntos a otros evitando las incomodidades del tráfico terrestre.

Dacre esperaba que su invento llegase al mercado en 2010, pero un año antes, en agosto de 2009, todo se truncó al estrellarse el vehículo, con su creador al volante, mientras realizaba pruebas en Malasia.
Los testigos del accidente contaron que el aparato intentó elevarse varias veces antes de ganar por fin altura, pero que transcurridos unos 200 metros, el piloto pareció perder el control antes de chocar contra el suelo. Dacre falleció en el acto a causa del impacto.